El síndrome del expatriado

  

Desde España, vivir en el extranjero se percibe como una aventura, como algo mágico. o quizás yo, fanática entonces de programas como “Españoles por el mundo”, así lo sentía. Hoy llevo casi tres años viviendo fuera, y bastante lejos de mi Barcelona del alma, lo que hace que sólo pueda plantearme volver de visita una o dos veces al año, y eso quizás lo haga más duro si cabe.

No sabría deciros si he ganado con el cambio o he perdido. Lo que está claro es que he intercambiado unas cosas por otras siempre tratando de sentirme bien y tener equilibrio con lo que he hecho. Y si hay algo cierto en todo esto es que uno aprende a vivir con un sentimiento permanente de echar de menos lo propio: el clima, la comida, la cultura y, en especial, a la familia y amigos.

Parece mentira lo que puede afectar el clima, pero sí, cambia mucho las cosas. Cambia la manera de vivir y de relacionarte. No poder salir de casa muchos días por nieve, frío, hielo, viento, tormenta o días que terminan a las tres y media de la tarde te obliga a hacer mucha vida en casa. Incluso social. Se acabaron las cañas y las tapas, se acabaron los aperitivos al sol, los paseos sin rumbo. ¿Qué tontería verdad? Pues os juro que asumirlo, al principio, cuesta. En sitios con climas difíciles, por contra, todo el mundo abre las puertas de su casa a quién apenas conoce, organiza cenas, play dates con niños y lo que se os ocurra.

La comida también hace que no termines de adaptarte del todo. ¡Lo que daría yo ahora por unos boquerones en vinagre con aceitunas! un buen jamón, unas bravas, unas croquetas de cocido, unos berberechos… a pesar de que cuando vivimos en España creamos que todo se exporta, ¡es mentira!. No nos engañemos; todos los expatriados hacemos tortillas de patata en casa para sentirnos cerca y también salmorejo, ¡ahora! conseguir chorizo español para las lentejas en Illinois es casi un milagro. Cuanto menos es una actividad que nos lleva medio día. Alquilar un coche, recorrer 60 km e ir a un supermercado que tienen comida internacional -con algún que otro producto español-.

La cultura de allí donde vayas a vivir también es importante. En nuestro caso la americana no es tan distinta a la europea como podría ser la de un país asiático, pero creedme que hay cosas que en más de una y dos ocasiones te hacen sentir un marciano.

De la familia y amigos, ¿qué os voy a contar? Ni ellos forman parte de momentos importantes que llenarán tu vida en el nuevo país, ni tú puedes estar cada vez que se casa un amigo, que tu hermano tiene un hijo o que fallece un familiar. La sensación de saltarte uno de esos días sabiendo que no estás es impresionante. Es de que has fallado permanentemente.

En cuanto al balance es positivo, y si la situación laboral en España sigue como cuando yo me fui, os diría que el emigrar a otro país te ofrece oportunidades que España nunca hubiese podido ofrecernos. Mejores posiciones, estructuras dentro de las empresas que se mueven y te dan la oportunidad de crecer, mejores salarios… aunque seguramente sea imposible alcanzar un puesto de máximo responsable de una empresa en otro país, así que en cierto modo también estás topado en tu nuevo país. El lado negativo es que esto hace que volver sea cada vez más difícil, porqué implica renunciar a un porcentaje de sueldo enorme y con un piso y vida peores. Así que supongo que siempre piensas que estás a tiempo de volver o te sientes “en la necesidad de ir alargando”, en especial si has creado una estructura familiar que depende de la nueva cantidad de ingresos, etc.

Como experiencia, no obstante, no tiene comparación. Yo ni de lejos soy la misma que cuando me fui. Correr de urgencias en un país con un sistema sanitario difícil y ultracaro de noche, con nieve y un bebé tienen que cambiarte a la fuerza. También empezar de cero sin conocer a nadie. Buscar trabajo sin hablar al 100% el idioma y enfrentarte a una entrevista o varias. Parir en otro idioma. Dejarle a tu hijo a gente no tan conocida porqué no tienes opción o yo qué sé que mil cosas más te hacen fuerte, independiente y te hacen pensar que puedes con cualquier cosa. Y lo principal UNE MUCHO A LA FAMILIA. Yo recomiendo a todo el mundo salir de su zona de confort y emigrar algún tiempo. Aunque en nuestro caso sabemos y queremos creer que es algo temporal que un día será la mejor experiencia de nuestras vidas.

Esther

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