Que tu marido te haga la cena…

Que tu marido no sé… pero que el mío haga la cena implica casi siempre una noche llena de sorpresas, risas y una nueva anécdota para recordar

M tiene una sola especialidad: el tartar de salmón con aguacate. Le sale ¡BUENÍSIMO! La verdad es que a mi no me queda ni parecido… pero siendo francos… no le pidas nada más…

El problema es que él se empeña en seguir demostrando que es un gran cocinero… y a veces se empeña en cocinar “a ojo” y el resultado suele ser cuanto menos una experiencia sensorial😉

Recuerdo un día en que se empeñó en hacerme un rissotto de parmesano. La idea era muy apetecible… pero la realidad fue un plato que sabía SÓLO a palomitas con mantequilla. ¿Cómo lo hizo? ¡Pues ni él se acuerda!

Pero lo mejor fue el otro día… que yo llevaba un resfriado de narices, con fiebre, escalofríos… y había salido a clase de 6 a 9 de la noche. Al llegar a casa me encuentro a M en la cocina (y cuanto cacharro hay, desparramado y sucio encima del mármol). Ellos son así, necesitan expresarse cuando hacen algo artístico🙂 ¡dejémosles!

La verdad que olía rico… y me acerqué a ver qué estaba preparando para cenar… el menú era: caldo de pollo con estrellitas y ceviche de gambas. ¡Sencillo y bien rico! ¡E ideal para el resfriado!

Pero al asomarme a la cazuela…. vislumbré algo inédito: un pollo asado (a l’ast) entero buceando en agua y con una cebolla gigante flotando a su lado. Pues sí, el tío buscó la receta en internet y al leer: echar el pollo, no se le ocurrió que con un par de muslitos crudos había bastante… y fue a la “Rostisserie” que tenemos cerca de casa a comprar un pollo ya hecho (y lo soltó entero -piel incluida- a bucear allí). La cebolla tampoco tenía mejor pinta… ni la pobre zanahoria solitaria… la peló, sí, afortunadamente, ¡pero la echó entera!

¡No sabéis lo que me reí! Y al día siguiente, haciendo un Skype con mi madre y mi abuela… nos moríamos las tres de la risa.





Evidentemente cenamos la sopa de estrellitas y el ceviche, aunque el caldo quedó tan denso y tan raro que no se veía ni una estrellita flotando dentro. ¡Pobrecito! ¡Y él sin saber que en el súper venden una bolsita de verduras para el caldo y sólo hay que añadirle un muslito!

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