De ahora en adelante… ¡Britney Spears!

Aunque no lo parezca, vivir en otro país tiene ciertos riesgos. Uno de ellos es, sin duda, ir a la peluquería. Algo tan sencillo como en España es ir a hacerte las mechas y a cortarte las puntas, en Estados Unidos es el terror de las extranjeras. Unas lo superan y otras pagamos el error…

Empezaré por el principio de la historia…

Érase una vez dos chicas: Estefanía y Esther tomándose un café en Chicago. Estefanía es de Alcorcón y Esther es de Barcelona. Las dos vivimos en Chicago.

Estefanía igual que yo se hace las mechas desde hace muchos años en España, así que decidió que como no iba a volver hasta dentro de un año, correría el riesgo de hacerse aquí todo el ritual.

A la semana siguiente quedamos y Estefanía estaba muy guapa. Mechas bien hechas y corte ideal. Muy del estilo de Estefanía.

En eso voy yo y hago lo mismo que ella… escojo una peluquería a tomar por saco a la derecha con unas puntuaciones en internet de la leche, me dan hora y me presento allí. Me atiende una tal Becky, mi estilista (y odiada Becky, 3 horas después de la presentación). Una tía de 23 años muuuuy americana. Pelo rubio en plan Barbie girl, un poco redondita y con voz nasal.

Las instrucciones eran sencillas: Full highlights and cut. Please I would like to have the hair in the same way but healthier. Bien. Esto significa mechas de raíz a puntas y corte para sanear el pelo con la misma forma.

Pero no podía ser todo tan bonito como en la historia de Estefanía….



Resulta que en este país, pidas lo que pidas, todo tiene mil especialidades. Por ejemplo: vas a un restaurante y pides un Club Sándwich. ¿Qué pasa en España? Te lo traen en 10 minutos. ¿Qué pasa en USA? Que te pasas 10 minutos contestando preguntas al camarero del plato que pides. ¿Con pan de cereales, blanco, negro, de molde, de barra?, ¿le quieres añadir aguacate?, ¿bacon?, ¿el huevo cómo lo quieres?, ¿frito, revuelto, frito con la yema amarilla, rosa, duro, poché? y luego las patatas. Que si las quieres en puré, fritas, fritas en forma de cubos, aplastadas con kétchup…

Con la peluquería no podía ser menos…. y lo que parecía una labor sencilla se convirtió en toda una declaración…

¿Would you like highlights or do you prefer balayage?, ¿Would you like blonde or a little bit darker to obtain a more natural color? Y así más o menos los diez minutitos de rigor… a los que contesté highlights from here to here (señalando debidamente con los deditos) y un color rubio del norte de Europa, tirando a blanco, no a amarillo pollo de abuela de Benidorm.

¿Resultado? Parezco todo menos española. Llevo un color que parezco la animadora de un equipo de High School -de esas que se enrollan en las pelis con los quarterbacks-. O Britney Spears… pero Britney Spears ahora… no cuando saltó a la fama con Hit me baby one more time



La tipa decidió, porque le salió tal que así de las pelotillas hacerme el puñetero balayage y además ponerme un color rubio/amarillo/anaranjado…  y el resultado fue básicamente que hace una semana que  no parezco yo y que mi marido me llama BRITNEY en la intimidad.

¿Lo peor? ¡Que ni me atrevo a ir a la peluquería a arreglármelo!

Esther

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