Reencontrarse

Hoy mi post va de reencuentros. En especial de reencuentros con uno mismo después de un tiempo de sentirse fuera…

Veréis… la verdad es que yo estos días, después de lo sucedido… me encuentro justo en este momento: me estoy reencontrando con la Esther de siempre. -Me leo y me parezco una loca, pero si seguís leyendo os prometo que os escribo desde mi más profunda cordura-.

Muchos probablemente no me podáis entender… desde fuera el embarazo es un momento idílico en la vida de una mujer y también de su pareja… pero es que además es un momento de cambios gigantes: de inseguridad, de incertidumbre, de dudas constantes, y también de sentirse otra persona… de repente odias cosas que siempre te habían gustado -especialmente de comer-, tienes olfato canino, haces pipí mil veces por la noche y claro… es más difícil descansar… hay chicas que tienen el humor más cambiante -afortunadamente yo de ésto me libré-… ¡pero en fin! Todo tiene dos explicaciones: hormonas y evidentemente, el duro trabajo que está realizando tu cuerpo. 

Cuando estás embarazada.. y se te empieza a notar la tripa.. la gente te mira por la calle la barriga y luego te sonríe. A mi me pasó un par de veces -no muchas porqué mi barriga todavía era de aquéllas en las que la gente duda si es de gorda o darte la enhorabuena-. ¡Me resultó incómodo! Yo pensé… ¡anda que mira éste cómo se ríe sabiendo lo que hice hace X días! Ya lo sé… luego me di cuenta de que yo siempre sonrío cuando veo una embarazada y jamás pienso lo que pensé aquél día que el tío debía de estar pensando (¡qué frase más difícil me ha salido!).

¡Al grano! Que ni siquiera uno se reconoce físicamente. Cambia tu figura, cambia la piel, te cambia el pelo… por poner tres ejemplos tontos, pero es que te cambia todo. ¡TODO! no sé, es raro de explicar… pero un día te das cuenta de que te salen más granos, se te seca más la piel, se te ondula más el pelo… y en definitiva: cambias y cambias y cambias. ¡Aunque os advierto! A veces sólo te das cuenta tú de que en esto o en lo otro estás distinta…

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A mi particularmente lo que me pasaba era que odiaba el café. No podía oler ni que mi marido se había hecho un café en casa, ni ir a la cafetería a tomar algo, ni nada relacionado con café. Fue lo único que me dio manía. ¡Y era adicta antes de quedarme embarazada! ¡Que os lo digan las chicas! Lo necesitaba para funcionar a modo de gasolina…

Ya pasado todo… sin embargo… uno se vuelve a sorprender… voy volviendo a tener mi piel, voy volviendo a tener mi pelo y ya desayuno cada día con café. ¡Adoro el café!

Esto no sucede al día siguiente de haber perdido al bebé, del mismo modo que tampoco creo que suceda justo después de haber parido el bebé… pero si tienes paciencia, si vas superando las dichosas hormonas -que tardan tres semanas en desaparecer por completo- (e intentan arruinarte la vida) y haces un poquito de dieta -esto ya os digo yo que no vuelve por si solo-, vas volviendo a ser tu.

Vuelves a gustarte, a reconocerte y a quererte.

Ser mujer no es tan fácil como parece. Hay ocasiones que necesitamos tiempo… a los chicos os pido desde aquí un poquito de comprensión ¡y a las chicas os doy todo mi ánimo! ¡Es maravilloso poder volver a tener una cita con una misma! ¡Y conocerse tanto como antes!

Esther

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