El juicio del atún

Mi segundo juicio ha llegado repleto de anécdotas… ya empiezo a familiarizarme con los nervios de la noche antes y la adrenalina del antes y el durante… incluso con la enorme relajación del después… pero no me acostumbro todavía a la enorme responsabilidad de que te paguen por defender sus intereses… que confíen en ti y encima pagando, pues es raro…

En fin… todo ocurrió el pasado martes. El juicio era a las 10:15 de la mañana, así que me puse el despertador a las 6:45, me duché, desayuné, y me senté en la mesa de mi casa a repasar hasta la hora de coger el taxi e irme a la Ciudad Judicial. –Nervios-.

Llegué a destino con una media hora de antelación. Es el tiempo justo para ir a buscar la toga a la sala de togas –son alquiladas y huelen un poco… pues las lavan una vez a la semana😦 – y preguntar en información la sala de vistas. -Más nervios-.

Esta vez estaba más nerviosa porque el cliente, además, venía a testificar. La vida me ha enseñado que muchas veces la gente entiende las cosas por lo que aparentar ser y no por lo que son realmente, así que ya no solo por tu contrario, sino que tu cliente debe tener el convencimiento de que no pudo hacerse mejor. Debía mostrar tener tablas no teniéndolas.

Faltaban 7 minutos para la vista y no había nadie en la puerta de la sala 110… muy raro… porqué además siempre suele haber en la puerta un papel indicando los juicios de esa mañana y la hora de la vista. No estaba… -Máaaas nerviooos-.

Bajé corriendo las escaleras de la Ciudad Judicial de Barcelona hacia el mostrador de entrada. Me colé y volví a insistir a la chica del mostrador de información. Me seguía confirmando la sala. En eso me llama mi cliente al móvil… él había preguntado en el mostrador de testigos y estaba en la planta 13. ¡Mierda! ¡Llego tarde! Efectivamente, soy tonta, yo le había dado a él mi número de móvil pero no le había pedido el suyo… -Jodeeeeeeer!!!!-.

El abogado nunca puede llegar tarde, ni el procurador. Se considera una grave falta de respeto al Juez. Incluso si pasan más de dos minutos te tienen por incomparecido y te declaran en rebeldía procesal, lo que implica que el juicio se celebra sin ti y la sentencia suele ser condenatorio, porqué como tampoco puedes aportar nada… y más en este caso, ¡que era un verbal! Y yo… que iba como demandada ni te cuento…

En fin… me metí volando en uno de los seis ascensores que subían al Mercantil 3… y tate! Error! Los ascensores sólo suelen parar en dos plantas… yo iba a la trece y me metí en uno que paraba en la 2 y en la 8… me bajé en la 8 a las 10:12 y tenía tres minutos para subir por la escalera de emergencia hasta la 13… -Estrés total, colapso-.

Llegué arriba con unos mofletes que ni Heidi corriendo detrás de Niebla todo el fin de semana… sudando como un cerdo –pero sin olor. Las princesas no huelen- y llegaba frente a la sala a las 10:15 en punto. Lo había conseguido, no nos habían llamado, pero de momento mi imagen de cara al cliente era deplorable. -Olé Esther, guapa, ¡empiezas bien!-.

Tan pronto salió la oficial del Juez ataqué… oiga, señorita, esto no puede ser… sus compañeros de información… -cúbrete, pensé…al menos el cliente asentía con la cabeza…-. La oficial me hizo caso y les pegó la bronca a los de información delante de mi cliente. -¿¡Salvada!? ¡¡Arrrggg!!-.

Carnet de abogado y Poder para pleitos, letrada. ¡Palante que despegamos!, pensé… y meto la mano en el bolso para sacar el carnet y todo el bolso empapado por dentro… ¡mierda! ¡se me ha abierto el tupper! –dentro había atún a la plancha y espinacas…- No sé si olía peor mi bolso o la toga que me tenía que poner al entrar en Sala…. -¡Me cago en la puta de oros! Incredulidad e indignación-.

Por querer hacerlo todo… dieta, pilates al mediodía, juicio… y quien mucho abarca, poco aprieta, que dicen…

Ya no daba tiempo de nada… así que disimuladamente limpié el carnet con la toga, y mi mano, pues mi cliente me reclamaba que nos presentásemos… imaginaos… ¡menudo panorama! ¡pobre tío! ¡qué vergüenza…! Y pobre del abogado que alquiló después mi toga… con olor a pescado… ¡jajajajajaja! Qué debió pensar el pobre/la pobre… -Lo siento, es lo que hay…-.

En fin… el juicio no pudo ir mejor. Al final, tanto estudio dio resultado y tanta tensión mereció la pena. Tanto que mi cliente me pasó un tema suyo personal para que le diera mi opinión… También dejé una buena propina en la sala de togas para lavarlas antes de la semana… de hecho es una vez a la semana pero si tienen suficientes propinas las lavan más a menudo… mi toga, desde luego, lo necesitaba. -Me sentí espléndida y culpable, se suelen dar 0,50 Euros y di 3 Euros. Espero que la laven hoy…-

¡Besos!

Esther

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3 pensamientos en “El juicio del atún

  1. Jajajajajaaj …. M’estic tronxant! A mi da que anava llegint pensava… Que més li pot passar pobre….. Jajajajaj! M’has fet riure molt de veritat, però m’en alegro que al final tot va sortir bé! Un peto i bona setmana!!!!!!

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  2. Ole, ole y ole! Siempre dije que estabas hecha para esto (o para tertuliana)… Tengo ganas que me cuentes la historia en directo porque seguro que aún gana más. Un abrazo.

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