Tu y otra vez tu

Aunque hacía frio Sonia decidió esperar cinco minutos más en la calle antes de entrar en el bar en el que siempre solían quedar. Prefería verle llegar, tener dos minutos para observarlo y ver si había cambiado mucho antes de tenerlo demasiado cerca. Estaba nerviosa, habían pasado tres años y aunque ella había tenido alguna que otra relación, Juan siempre sería Juan.

Como de costumbre llegaba tarde pero ahí estaba. Lo vió aparcar la moto y quitarse el casco, miró el móvil, guardó las cosas en una de las maletas laterales de la moto y empezó a andar hacia ella com una sonrisa, su sonrisa. Cuando sus miradas se cruzaron Sonia supo, sin ninguna duda, como iba a acabar la noche.

Se estremeció unos segundos recordando noches pasadas y se preguntó porqué no había funcionado.

Juan era alto y delgado, no estaba excesivamente fuerte pero era muy guapo. La gente solía decir que era un tipo muy interesesante. Juan siempre había usado la misma colonia, una colonia masculina, seria, que le hacía todavía más atractivo. Si cerraba los ojos, Sonia podía olerlo. Los dos minutos que él tardo en llegar hasta ella se hicieron eternos y cuando lo tuvo enfrente, su olor se apodero de ella, ya no tenía nada que hacer.

Cuando se levantó Sonia no sabía muy bien dónde estaba, no reconocía la habitación y estaba sola aunque no había duda que alguien había dormido en el otro lado de la cama. Había ropa por todas partes, vio a lo lejos su conjunto sexy de La Perla que le había regalado una amiga para su cumpleaños para que lo guardara para una noche especial. A su izquiera en una silla, había unos tejanos, una camiseta y un casco. Juan, aquella era su ropa y aquello debía ser una habitación de hotel. En la mesilla que tenía al lado una botella de cava vacía junto a dos copas, fue entonces cuando empezó a recordar.

Juan había hecho con ella lo que hacía tanto tiempo que deseaba y que solo él conseguía. Se conocían y sabían sin decirse nada lo que querían, como y cuando. Siempre se habían entendido bien en la cama y aquella vez no fue diferente. No conseguía recordar cuantas veces había sentido aquel placer indescriptible pero sabía que no había sido solo una. Recordó a Juan, recostado, mirándola sin más y se estremeció de nuevo. De repente oyó algo detras de aquella puerta que estaba al fondo, se abrió y apareció Juan. Le apetecía repetir lo de anoche, esta vez consciente y con más luz y bastó una mirada para que Juan se acercara. Sonia se perdió de nuevo en su olor recien duchado, perdiendo la noción del tiempo, solo sitiendo placer una y otra vez.

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